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DE CAMINO AL PUEBLO

De camino al pueblo nace de un recorrido conocido, repetido a lo largo del tiempo, pero nunca completamente igual.

El trayecto transcurre entre la carretera, la ventanilla del coche y un paisaje que aparece y desaparece con el movimiento. Las casa, los campos y las pequeñas poblaciones de la meseta se desdibujan ante la mirada. La cámara acompaña ese desplazamiento y registra imágenes fragmentarias, imprecisas, atravesadas por la velocidad y por la memoria.

Fotografíar durante el viaje se convierte en una forma de regresar.

El paisaje activa recuerdos ligados a la infancia, al silencio, a la calma y a una determinada percepción del tiempo. Todo resulta cercano y familiar: los campos, las carreteras, la luz, la amplitud del territorio. Lugares profundamente vinculados a una experiencia personal que permanece, aunque los años hayan introducido pequeñas transformaciones.

El paso por Segovia funciona como un punto de intensidad dentro del recorrido.Su presencia emerge desde la distancia y vuelve a producir una sensación difícil de definir. La arquitectura, la piedra y la luz forman parte de una imagen reconocible que, pese a su familiaridad, continúa provocando extrañeza y fascinación.

Amedida que el viaje avanza, presente y pasado comienzan a superponerse.

Algunos elementos han cambiado, otros permanecen prácticamente intactos. Esa tensión entre transformación y permanencia atraviesa toda la serie. No se trata únicamente de documentar un territorio, sino de observar cómo el tiempo modifica nuestra relación con él.

La fotografía actúa aquí como un espacio intermedio entre lo que existe y lo que recordamos.Las imágenes no pretenden describir el paisaje de manera objetiva, sino registrar una experiencia: la percepción fugaz desde un vehículo en movimiento, la aparición involuntaria del recuerdo y la necesidad de conservar aquello que parece estar desapareciendo.

De camino al pueblo habla del desplazamiento, de la memoria y de la pertenencia. Del regreso a lugares conocidos y de la imposibilidad de volver exactamente al mismo lugar.

Porque también nosotros hemos cambiado.

El permanece como una referencia estable dentro de ese movimiento. Un territorio donde el tiempo parece discurrir de otra manera, más lento, más silencioso, casi suspendido.

Regresar es observar cómo envejecen los lugares mientras envejecemos con ellos.

Es volver a mirar.

Es quizá, envejecer en calma.​​

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