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LOS BESTEIRO

​Tres formas de hablar con lo invisible

 

Los Besteiro es una ficción construida con apariencia de documento.

En el corazón de Madrid viven tres hermanos. Comparten una misma familia, pero cada uno parece habitar un sistema distinto de realidad. Tres mundos particulares organizados alrededor de una misma necesidad: comunicarse con aquello que permanece fuera de lo visible.

Rafa, el hermano mayor, vive rodeado de radios, tocadiscos, cintas de cassette, cables y aparatos de procedencia incierta. Para él, la música no es únicamente sonido: es un lenguaje.

En su casa existe una habitación a la que llama Puerta 11. Solo él posee la llave.

Allí reproduce discos al revés, registra frecuencias e intenta descifrar mensajes procedentes de un lugar que denomina Fuerte Comanche de la Cuarta Fase. Rafa sostiene que ciertas informaciones no pueden transmitirse de manera convencional. Necesitan atravesar el sonido, invertirse y regresar transformadas.

Juan, el hermano menor, pertenece a la Cofradía de los Agentes de Dios, una organización secreta de origen incierto cuya misión, según explica, consiste en preservar el equilibrio entre fuerzas opuestas.

Pasa largas horas en su habitación rodeado de símbolos, anotaciones y objetos cuya función nunca termina de aclarar. No sabemos exactamente qué espera, qué vigila ni a quién responde.

 

Ana, la hermana mediana, ha desarrollado otro método.

Ana canta a los perros.

En determinados momentos acude a la Plaza Mayor de Madrid y comienza su repertorio. No canta para las personas que pasan por allí. Su público son los animales.

Algunos observan desde cierta distancia. Otros se acercan. Algunos permanecen junto a ella hasta que termina.

Ana asegura que ellos comprenden.

 

Rafa escucha.

Juan interpreta.

Ana canta.

 

Tres procedimientos distintos para establecer contacto con algo que los demás quizá no podamos percibir.

La fotografía entra en sus habitaciones, observa sus gestos, registra objetos y acumula indicios. Pero nunca ofrece una prueba definitiva.

Los Besteiro se sitúa deliberadamente entre el retrato, el documento y la ficción. Utiliza la apariencia de realidad para construir un territorio en el que lo cotidiano comienza, poco a poco, a volverse extraño.

No importa demasiado determinar qué parte de la historia es cierta.

Quizá la pregunta sea otra:

 

¿Cuánto necesitamos creer en algo para empezar a considerarlo real?

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